Querida Valentina,
te escribo esta carta no sé ni para qué.
Las yemas de mis dedos se deslizan casi sin querer entre todas las letras del teclado, encontrando las exactas a cada tecleada. Puede que esta sea la carta numero 23 o puede que lleve escribiéndote toda mi vida.
Aun recuerdo ese 1982, y como sonreíste cuando se abrieron las puertas del vagón. Que injusta la vida, ¿verdad?, solo es necesario un soplo para hacer añicos una ciudad, un mundo.
Te fuiste demasiado temprano pero tus huellas en esos callejones aun se dejan ver.
Todas las noches en vela y un whisky barato medio vacío o terminado, ya no lo recuerdo, en el séptimo piso de la Avenida Soledad.
Artistas de Broadway, mundo bohemio. Que ironía.
Siempre buscando algo mejor en los peores sitios de Madrid.
Era dulce.
Nuestra inocencia, digo, en mundo demasiado grande para nosotras.
Espero que estés bien y que la vida te haya dado respuestas a todo aquello por lo que invertimos tanto tiempo en encontrar.
De una primavera pasada que aun escribe para saciar su soledad.
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