*

*

divendres, 20 de febrer del 2015

Víctimas de nuestra propia mente

Los vi durante años agotando su tiempo casi sin descansar, deseando llegar a casa y ver, a través de una pantalla, como el mundo se desvanecía poco a poco. De vez en cuando suspiraban e criticaban la organización de una sociedad que creía más libre que esclavizada, pero me equivocaba. Ahora anda con escasez eso de ver el telenoticias, prefieren matar su tiempo libre entreteniéndose con programas que hacen evadirse, por unas horas, de todo lo que está alrededor. 
Caminamos por las calles gritando, con necesidad de ser escuchados y lo único que encontramos son oídos sordos. Cerramos los ojos para ver un mundo mejor porqué ellos lo quieren así, respirando con precaución para no intoxicarnos más de lo que estamos, porqué a veces, hasta el aire nos ahoga. ¿De qué manera la avaricia ha llegado a quitarnos hasta el último aliento de humildad? ¿Qué clase de animales somos, que presumimos por ser los más inteligentes y no sabemos ni que es proteger a nuestro grupo? 
A veces creo que si no pago para ver una sonrisa, esa desaparecerá, que el dinero se ha convertido en sinónimo de felicidad. Que estúpidos somos dejando perder todas las riquezas del mundo para construir edificios llenos de corrupción. Haciéndonos creer que necesitábamos más, nos hemos quedado sin nada - que ingenuos - , trabajando sin descanso para intentar llegar a fin de mes. 

Que con menos, se vive más. Aunque esto ya no sirve, porqué vivir así, no es vida. 

dijous, 12 de febrer del 2015

Que viaje tan inesperado. Toda la vida haciendo y desasiendo planes, prometiendo(me) y desobedeciendo(me). Que efímero el tiempo, ese que pasé repasando cada una de tus vértebras, perdiéndome siempre antes de llegar a la treinta y tres. ¿Quién habló de miedo mientras, sentados junto al precipicio, nos observábamos como dos desconocidos que se conocían muy bien? Sentía vértigo por quererte tanto, por enamorarme, ingenuamente, de lo que éramos cuando estábamos juntos. Que me contradecía cuando decía que podía sostener el sol con una sola mano cuando estaba a tu lado y que me quemaba de los temblores que me causaba sentir tu respiración yendo al mismo compás que mi corazón. Fuerte pero débil, incierto pero cierto. ¿Qué ráfaga de viento se llevó las promesas, los sueños y los planes? ¿Cuántos segundos hicieron falta para desaparecer? 

Viajando entre bellos recuerdos voy construyendo un magnifico presente, acercándome cada vez más a mi, descubriéndome y apreciando cada marca en mi piel.