Estaba perdida, sin ningún plan
y apareció.
Cuando me sonrió, fui suya.
En tan sólo milésimas de segundo
supe que sería el amor de mi vida
estuviese o no en mi futuro.
Con él aprendí que es mejor
que me quieran bien
a que me quieran mucho.
Y sentí miedo,
miedo a que no viese
el mismo camino que yo,
miedo a que algún día
me faltase.
Porque no queria
que acabasen nuestros momentos,
y le daría la vuelta al mundo,
con tal de estar más tiempo con él.
La mejor parte de mi vida
era la suya.