Pensé
que todo había terminado, que lo que un día comenzamos se acabó ese mes de
octubre. Pensé que sólo me quedaba el recuerdo y ese escaso esbozo de tu
sonrisa. Y entonces te vi. Después de ocho meses sin apenas saber de ti vi que
no habías cambiado, que seguías siendo ese chico del que me enamoré, con sus
locuras y su complicidad. Estuve esperando tanto tiempo este momento que ni siquiera
supe reaccionar. Hablamos como si nada, como si todo este tiempo no hubiera
pasado, como si aun… Nos reímos y me abrazaste. En ese instante pensé que no te
volverías a ir de mi vida, que te quedarías conmigo para poder realizar todos
esos sueños que algún día nos propusimos alcanzar. No podía dejar de mirarte,
no quería soltarte, perderte. No me creía que fueras tú el que estaba a mi
lado, que una vez más me dieras esa fuerza para poder mirar hacia delante. Me
derrumbé al darme cuenta de que yo ya no estaba en tu vida y que seguramente
esa noche sería la última junto a ti. Entonces, un escalofrío recorrió todo mi
cuerpo dejándome así paralizada de todo pensamiento. Sólo te quería a ti. Comenzaste
un camino de besos por mi brazo, besos suaves, sensibles, tiernos… hasta llegar
a mi cuello. Mi frente estaba junto la tuya, tus ojos miraban a los míos y me
di cuenta de que los echaba de menos. Resoplaste. Sabías lo que iba a pasar a
continuación y te hacía miedo reconocer todos esos sentimientos que volvieron a
surgir en pocos segundos. Jugamos, no mucho tiempo pero si el suficiente para
darme cuenta de que me tenias locamente enamorada y que estaba atrapada en unas
redes sin salida. Me diste cuatro besos en la mejilla acercándote cada vez más
a mis labios hasta que los rozaste. Nos quedamos parados unos segundos y te
besé. Toda nuestra historia pasó por mi cabeza, nuestro primer beso, nuestra
primera vez, nuestra primera pelea, nuestra primera reconciliación. Y cuando me
di cuenta vino la despedida, una despedida que, como siempre, me dejó un
regusto amargo al saber que pasaría lo que terminó pasando.
Ahora
ya no nos separan esos 44,3
kilómetros sino
451 y lo que más me jode es que no haya sido yo la del beso de despedida y que
no te haya podido abrazar, fuerte, como si no hubiera un mañana, y decirte que
eres lo más grande que tengo. Te voy a esperar, como lo llevo haciendo desde
siempre, para poder correr hacia a ti, lanzarme en tus brazos y no soltarte
jamás. Pero sé que puede que esta espera sea en vano así que voy a seguir
viviendo mi vida sin ti pero sin cerrarte las puertas de mi corazón pues
siempre estarán abiertas para ti.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada